Siempre es primavera





En esencia, bohemia

 

Es grandioso ver cómo la primavera crece, se abre, florece y explota de vida. Los árboles, vacíos, de pronto se llenan de pájaros cantarines y de brotes inocentes, el césped se viste de margaritas, la gente parece más contenta. Atrás quedan las capas de frío, de oscuridad y de rutina. 

La primavera invita a eso, a romper con la monotonía y a abrirte a los colores, los olores y las formas, a vislumbrar ese fluir continuo y multicolor de vida que tantas veces pasa tristemente desapercibido, atenuado por las prisas y las cosas.  

La primavera es una estación que disfruto al máximo en mis paseos matutinos hacia el trabajo, en la puesta de sol alargándose cada tarde, en el calor que lo va inundando todo, poco a poco, sin prisa... sin pausa.

Mi trabajo, lógicamente, es un poco "primavera" porque busca detenerla, fotografiarla, captarla en ese instante precioso en el que dices sobre una flor: "¡qué delicada!"; sobre un paisaje: "¡qué bonito!"; sobre un momento: "¡no lo quiero olvidar!". 

Bohemicum tiene alma de "primavera". Quiere honrarla, ensalsarla, distinguirla, admirarla. Y lo hace a través de la pintura y de la madera, una combinación natural, cálida, rústica, colorida, bohemia y romántica.